Liz Crokin
05/11/2025
[Por favor, abstenerse las personas muy sensibles a estos temas].
El libro póstumo de Virginia Giuffre, La Niña de Nadie: Memorias de una Superviviente de Abusos y una Lucha por la Justicia, detalla una perturbadora infancia, que la preparó y la marcó como la presa perfecta y blanco fácil para los depredadores sexuales Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell, una élite despiadada.
Como muchas otras víctimas de Epstein y de Maxwell, Giuffre era extremadamente vulnerable y ya había sufrido todo tipo de abusos horribles, incluyendo abuso sexual y violación durante su infancia. El abuso infantil convirtió a Giuffre, en sus propias palabras, en la «víctima perfecta» para los traficantes sexuales más notorios del mundo, que operaban al servicio de los ricos y famosos.
«Conozco a los monstruos», escribió Giuffre. «De niña, sufrí casi todo tipo de abuso: incesto, negligencia parental, castigos corporales severos, abuso sexual, violación».

Giuffre nació en 1983 y tuvo una infancia humilde pero relativamente feliz en Florida, donde vivía con su madre, Lynn, su padre, Sky Roberts, y su hermanito, Skydy. Uno de sus recuerdos más entrañables es cuando, a los seis años, llegó a casa del colegio y su padre la sorprendió con un poni llamado Alice. Giuffre comentó que el nombre de su caballo le recordaba a Alicia en el País de las Maravillas. En aquel momento, Giuffre no sabía que, más adelante, su padre usaría a su caballo como arma para obligarla a someterse a abusos sexuales. Sky ha negado todas las acusaciones de abuso sexual de Giuffre.
Su vida dio un giro obscuro cuando su padre empezó a acostarla por las noches. Un día, mientras su padre la bañaba, la obligó a ponerse de pie para poder limpiarla entre las piernas. Giuffre relata que esa misma noche su padre la manoseó por primera vez.
«Esa noche, en mi habitación, papá me tocó como nadie lo había hecho antes», escribió Giuffre. “Al principio usaba los dedos. Días después, la boca.”
Giuffre intentó que su padre parara, diciéndole que ya era una “niña grande” que podía bañarse sola y que no quería más cuentos antes de dormir ni “mimos” por la noche. Sus protestas lograron detener los rituales nocturnos; sin embargo, no detuvieron el abuso. Giuffre escribió que algunas noches su padre se metía en su cuarto para manosearla o abusar de ella. Giuffre empezó a esconderse debajo de la cama para escapar del abuso sexual; sin embargo, este la amenazaba con quitarle a Alice si no obedecía. Las amenazas de su padre de quitarle a su caballo la hacían salir de debajo de la cama, pues no podía imaginar perder a su querida Alice.

Cuando comenzaron los abusos, Giuffre detalla cómo su madre se volvió fría, distante y físicamente abusiva. Giuffre escribió que su madre la azotaba con ramas espinosas del rosal y le decía que tal vez ni siquiera era su hija, insinuando que el hospital le había dado al bebe equivocado tras darla a luz.
Los abusos contra Giuffre empeoraron cuando su padre la traficó sexualmente con su amigo Forrest, quien la violó siendo aún menor de edad. Giuffre escribió que su padre y Forrest estaban bebiendo cerveza en el porche cuando empezaron a hablar de intercambiar a sus hijas por una noche. La hija de Forrest, Sheila, era amiga de Giuffre.
«Nunca sabré la fecha exacta en que me dejaron con Forrest por primera vez», escribió Giuffre. «Sí recuerdo que fue con el permiso de mi padre».
Giuffre dijo que los abusos de su padre escalaron a violación después de que Forrest la violara, y que los abusos de ambos hombres eran tan similares que estaba convencida de que estaban «comparando experiencias». Años después, Giuffre retomó el contacto con Sheila, quien le contó que Forrest había estado abusando de ella [Sheila] por años antes de violar a Giuffre. Posteriormente, Sheila consiguió una orden de alejamiento contra su padre y se mudó con otro familiar. Finalmente, Forrest fue encarcelado durante 14 meses por abusar sexualmente de una niña en Carolina del Norte y pasó 10 años en el registro de delincuentes sexuales.
En una nota entregada al colaborador del libro de Giuffre, Sky afirmó, además de negar haber abusado sexualmente de ella, que tampoco sabía que Forrest lo hubiera hecho. «Para que quede claro, jamás abusé de mi hija y desconocía que Forrest lo hubiera hecho tampoco. De haberlo sabido, me habría enfadado muchísimo y habría tomado cartas en el asunto», escribió Sky en la nota, que aparece citada al pie del libro de Giuffre. «Le di a mi hija todo lo que siempre quiso y jamás la toqué sexualmente».
Giuffre escribió que el abuso sexual que sufrió durante su infancia se agravó tanto que se le rompió el himen y sufría de constantes infecciones urinarias. Dijo que las infecciones eran tan dolorosas y severas que no siempre podía retener la orina. Los niños del colegio empezaron a notarlo y la llamaban «La niña meada» por el olor. Giuffre contó que su médico y las enfermeras estaban desconcertados sobre la causa de sus infecciones urinarias y por la rotura de su himen. Sin embargo, su madre insinuó al equipo médico que se debía a que montaba a caballo sin silla. Además, Giuffre escribió que su madre la castigaba con azotes cuando se orinaba en la ropa interior y en su ropa a causa de las graves infecciones urinarias. Finalmente, Giuffre denunció el abuso sexual de su padre frente a varios familiares en una reunión familiar, y afirma que todos se hicieron de la vista gorda, actuando como si nada hubiera pasado.

Los padres de Giuffre la enviaron al centro de rehabilitación para adolescentes Growing Together (Creciendo Juntos), donde fue sometida a más abusos, similares a los que sufrió Paris Hilton en el colegio Provo Canyon de Utah. Por ejemplo, Giuffre experimentó métodos de tratamiento abusivos, como ser obligada a mirarse en un espejo y reprenderse a sí misma. Growing Together fue investigado y clausurado posteriormente.
El abuso sistemático en centros para adolescentes con problemas es común, y cabe preguntarse si algunas de estas instituciones abusan estratégicamente de jóvenes como parte de operaciones de control mental basadas en el trauma, como el Proyecto Monarca (MKUltra) de la CIA, para prepararlos y convertirlos en esclavos sexuales o marionetas de algún tipo. Hay una nueva serie en Netflix llamada Wayward que muestra esta situación. Una pregunta más profunda sería si Epstein, Maxwell y otros traficantes sexuales se dirigían estratégicamente a jóvenes que acudían a estos centros con jóvenes problemáticas, o si trabajaban en conjunto con ellos o tenían algún vínculo con ellos.
Tras escapar de Growing Together, Giuffre se encontró en las calles de Miami a los 15 años, donde su desgracia continuaría. Fue violada por adolescentes mayores, por un conductor que la recogió haciendo autostop y, posteriormente, fue recogida en una limosina por Ron Eppinger, un traficante sexual de Miami. Eppinger dirigía una agencia de modelos falsa llamada “Perfect 10”, que servía de tapadera para su red de trata de personas y de prostitución.
Eppinger obligó a Giuffre a tener relaciones sexuales con él y la traficó con sus amigos. Giuffre escribió que Eppinger la mantuvo cautiva como “prisionera” por seis meses, hasta que la entregó a uno de sus amigos vinculado al sórdido mundo de los clubes nocturnos de Miami. En junio de 1999, Giuffre estaba en la cama con este hombre cuando la policía local y el FBI irrumpieron en su departamento y lo allanaron. Giuffre sospechó que tal vez alguien les había avisado, ya que parecía demasiado joven para ser su “enamorada”. La policía la interrogó antes de que llamaran a su padre, quien la recogió. Un par de años después, en el 2001, Eppinger se declaró culpable de los cargos de tráfico de personas a Estados Unidos con fines de prostitución, facilitación de la prostitución interestatal y lavado de dinero.
Giuffre afirmó que algunos relatos publicados sobre su vida durante la trata de personas a manos de Eppinger la describían erróneamente como una “participante entusiasta en el mundo de Eppinger”. Giuffre señaló específicamente a Julie K. Brown, del Miami Herald, quien escribió sobre ella en su libro Perversion of Justice: The Jeffrey Epstein Story (Perversión de la justicia: la historia de Jeffrey Epstein). Giuffre escribió que Brown afirmó que, tras escuchar a otras chicas de Eppinger hablar sobre la ropa y las joyas caras que les regalaban sus clientes, empezó a pensar que ese estilo de vida era “emocionante” y una “forma aceptable de ganarse la vida”. Giuffre declaró que la acusación de Brown era “una tontería”.
“No estaba emocionada”, escribió Giuffre. “Era una niña derrotada y sin esperanza. Sabía que lo que estaba pasando no estaba bien”.
Tras estas experiencias traumáticas, Giuffre consiguió un trabajo en el club Mar-a-Lago de Donald Trump en Palm Beach, Florida, como encargada de los vestuarios del spa por $9 la hora. Su padre trabajaba allí en mantenimiento en ese momento y la ayudó a conseguir el empleo. La vida de Giuffre parecía por fin encaminarse hacia un futuro prometedor. Le maravillaba la paz que se respiraba en Mar-a-Lago e incluso conoció a Trump en su despacho, y escribió que fue de lo más amable. Sin embargo, la vida de Giuffre daría un giro siniestro una vez más, apenas unas semanas antes de cumplir diecisiete años.
Giuffre se encontraba en Mar-a-Lago, caminando hacia el spa, cuando un carro redujo la velocidad detrás de ella. Era Maxwell con su chófer, Juan Alessi. Cuando la socialité británica vio a la joven y bella Giuffre, Maxwell le gritó a Juan que se detuviera. Esta fue la primera vez que Giuffre y Maxwell se vieron, y su primera impresión fue que parecía, por fuera, «bella, serena y segura de sí misma». Giuffre incluso pensó, durante este encuentro, que tendría mucha suerte si algún día se pareciera a ella. Poco sabía entonces que era una «súper depredadora», hermosa por fuera pero «codiciosa y exigente» por dentro.

Tras conocer a Maxwell, Giuffre escribió que fue rápidamente manipulada y entrenada para la trata de personas con fines de explotación sexual, que comenzó bajo la apariencia de masajes. Durante el primer encuentro de Giuffre con Epstein en su mansión de Palm Beach, Maxwell le enseñó cómo masajearlo, y esa sesión derivó en abusos sexuales contra Giuffre. Durante los siguientes años, Giuffre se convertiría en la esclava sexual “Número Uno” de Epstein. Maxwell y Epstein la traficaban para entregarla a varios de sus amigos influyentes en distintos lugares del mundo.
Giuffre solo pudo escapar porque insistió en que Epstein y Maxwell la enviaran a una escuela de masajes. Accedieron y la inscribieron en una escuela en Tailandia. Allí, Giuffre conoció a quen sería su marido, Robbie Giuffre. Tras un breve noviazgo, se casaron en Tailandia, y Robbie la ayudó a escapar de las garras de Epstein y de Maxwell llevándola con él a su país natal, Australia.

Años más tarde, cuando Giuffre comenzó a pelear y emprendió un camino para buscar justicia por el abuso que sufrió a manos de Epstein, de Maxwell y de muchos miembros de la élite de su red de trata, descubriría que su abusivo padre la había traicionado de otra manera. Giuffre escribió que una fuente confiable le informó que existían pruebas de que Epstein le había pagado a su padre en el año 2000, cuando él y Maxwell comenzaron a prepararla y a manipularla. Sky afirmó en una nota dirigida al colaborador de Giuffre que desconocía las actividades de Epstein. «Ni siquiera sabía lo que ocurría con Epstein hasta que lo leí en internet y recibí llamadas de agencias de noticias», escribió Sky.
Lo que queda claro en el relato de Giuffre sobre su desgarradora infancia, es que las personas y los sistemas que debían protegerla, le fallaron. Solamente las terribles infecciones urinarias que sufrió de niña deberían haber sido una señal de alarma suficiente para que su médico, para alguna de las enfermeras, para un profesor del colegio (ya que los niños notaron el problema y la llamaban «La Niña meona«, ¡los administradores del colegio también deberían haber estado al tanto!), para un familiar o para que cualquier persona notificara a las autoridades que esta niñita podría ser víctima de abuso sexual. En lugar de eso, la internaron en un corrupto centro para adolescentes problemáticos, donde sufrió más abusos que la convirtieron en un blanco fácil para más depredadores sexuales y para otros traficantes. Trágicamente, las autoridades también le fallaron, aunque aparentemente de forma involuntaria, después de que Eppinger abusara sexualmente de ella, al devolverla a su padre, quien había sido su primer abusador. Giuffre necesitaba un salvavidas, pero en lugar de eso, se reencontró con su abusador original y entonces, el ciclo de abuso sexual continuó para ella, con Epstein y con Maxwell llevando esa situación a un terreno muy obscuro.
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